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Comunión

La nueva colección rinde tributo a los muñecos que nos han acompañado en las largas horas de juego y sueños. Se apagan las luces, se despide el día. Al ritmo que caen los ojos de los niños a las puertas del sueño se despiertan los muñecos dormidos en los rincones de la habitación. Su palidez descubre unos ojos brillantes,

rebosantes de vida, y la luz que se entrevé en las persianas desde la calle proyectan sombras que dibujan siluetas: las de vestidos de capas infinitas, vuelos que acompañan –y aceleran- el movimiento y sutiles detalles que acentúan la atrevida inocencia. Otros marcan un paso firme hacia la aventura de la noche, al son de las anclas que repican bordadas en sus nuevos trajes. Son poupés.

La colección primavera verano 2016 de Hortensia Maeso para Les enfants de l’eden rinde tributo a los muñecos que nos acompañaron siempre. Largas horas de juegos de día y guardianes silenciosos de los sueños de noche, los poupés (muñecos en francés) nunca se fueron. Siguen dentro de los niños, puede que ya adultos y padres, incluso sabios ancianos, todos cuidaron de un poupé que también velaba por ellos. Como un alter ego que mantiene la eterna inocencia, ingenuidad y travesura, disfrutaron vistiéndoles y desvistiéndoles, sorprendiéndoles con nuevos vestidos, muchas veces hechos con sus propias manos, aguja, hilo e ilusiones.

Sus trajes inspiran una colección versada en tonos pastel y empolvados, las mil y una declinaciones del cándido rosa, así como blancos, arena y azul índigo. Tejidos personalizados y exclusivos con escrituras bíblicas en latín que evocan la hora de la oración antes de dormir, además del sacramento de la Comunión. Algodones, tules, encajes, linos y sedas bordadas a punto de cruz. Grandes lazos contrastan con sutiles adornos (pompones, flores…) y un sinfín de complementos que van desde guantes , capotas, turbantes y broches hasta botines.

Hay un día en que la niña es menos niña para hacerse mujer: de presumida a coqueta, de risueña a enigmática, de temeraria a sigilosa. Del mismo modo en que los niños se convierten en intrépidos trotamundos en busca de sueños por conquistar. Los poupés se quedan atrás para que ambos descubran su personalidad, pero siempre están ahí. El simbolismo de las muñecas y muñecos, esos fieles compañeros, nos evocan la nostalgia de la niñez, pinceladas de una época pasada que se plasma forma de colección.

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